miércoles, 15 de enero de 2014

Así comenzó el olvido




Te busqué en la leve soledad de un sueño,
en el bosque callado de las libélulas,
en la escarcha que se ríe del rocío,
en la callada por respuesta.
Busqué tus ojos y una isla al poniente
y un barco que, a lo lejos,
arrullara la voz del mar.
Busqué una calle donde pronunciar tu nombre
y una esquina donde besar tu nombre
y unos labios donde verter tu nombre.
y unos ojos donde ver reflejado tu nombre.
Te busqué con la vehemencia del enamorado
y no hallé tu voz antigua:
ni tus adjetivos desnudos sobre la cama,
ni tu melancolía,
ni tu casta ley para la quimera,
ni tu nombre.
Así fue como comenzó el olvido.

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